Bienvenidos al Blog de las salas cajón desastre y aventura de vivir de Ozú. Desde hace tiempo nos rondaba por la mente la idea de tener un sitio de encuentro, una referencia más allá de nuestras salitas, un lugar sobre todo para compartir esos "pequeños momentos" de los que se compone cada día.

En este “cajón desastre” todo tiene cabida: fotografía, música, literatura, cine... pretendemos sobre todo aprender los unos de otros y entre todos crear algo diferente que nos sirva de complemento y entretenimiento.

Por eso os invitamos a que participéis con comentarios y sugerencias. Gracias de antemano a todos y ¡Bienvenidos!

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Vistiendo palabras- Dorthe


Nuestro amigo Dorthe nos invita de nuevo con un precioso relato.



Aquella tarde hacía mucho frío. 


Era uno de los días más crudos de un invierno que se avecinaba ya cercano. Venia como siempre, silencioso pero implacable. Los habitantes de la aldea estaban ya acostumbrados y sabían en todo momento lo que tenían que hacer para el frío que se avecinaba. Los pocos vecinos, veintinueve en total, eran gente honesta con la particularidad del gusto por el buen vino y las costumbres antiguas, con la sencillez de saber muy claramente, que lo bueno era bueno y lo malo, malo, y donde el mal y el bien se diferenciaban con nitidez. Aquella tarde, repito, de aquel mismo día, estaban los mismos protagonistas de un escenario donde parecía que se escondía el tiempo y el sol apenas se asomaba. Cosa nada extraña, porque cuando lo hacia era para saludarnos tan brevemente, que nadie sabía con certeza cuando lo volveríamos a ver. 

La conversación volvió a versar sobre la estrecha carretera y el estado penoso de su asfaltado. Los comentarios, los de siempre: El difícil acceso por las curvas que tenía. Cuando ya se agotaron todas las razones y sinrazones pudieron atrapar a “o vello da choqueira” y retenerlo hasta que los vasos estuvieron otra vez llenos, y solo entonces descendió sobre el pequeño edificio que hacía de taberna, ferretería, estanco, y papelería, uno de esos silencios curiosos, llenos de suspense, y que todos supieron reconocer como el preludio de una curiosa historia del “do da choqueira”.

Cuando empezó hablar, lo hizo sobre una pareja, del que todos habían oído hablar, pero que nadie los había conocido como el.                                    

Llamaban mucho la atención por su singularidad. 


La primera vez que los vieron fue cuando llegaron por primera vez en su coche. Ambos se esforzaban en recoger  los últimos paquetes que habían comprado en unos grandes almacenes de la capital. Era una pareja por decir algo, un tanto incompatible. Todavía después de más de veinte años, ninguno de sus amigos podía explicarse por qué se habían casado. Nadie les fue a darles la bienvenida. No por descortesía ni por recelo, sino por su natural forma de ser. Se comportaban como si fueran los únicos pobladores de la pequeña aldea.

El era ya un hombre, que aunque no estaba en la edad de la jubilación, por su estado físico estaba ya en el mismo borde de la vejez. Había trabajado muy duro, como técnico en electromecánica. Sus conocimientos de física y electricidad le permitieron ocupar un alto cargo antes de retirarse, y para tener algo que fuera lo suficiente como para permitirle regresar a donde había nacido. Una aldea del interior entre montañas y poder así, disfrutar de esa tranquilidad que da ver el tiempo pasar mientras hacia lo que siempre quiso y deseó hacer: Reconstruir utensilios de labranza que se utilizaban por aquella zona, siempre que se lo permitiese su paranoia que le impedía adaptarse socialmente y que con mas frecuencia de la deseada le hacía huir de su realidad, creando dentro de su mente otra realidad distinta, pero siempre mas favorable a sus deseos. 

Le hacía sentirse mejor. Era como ganarle distancia a la angustia que constantemente le perseguía. 

La mujer, bastante más joven, con las curvas de los cuarenta y con una bonita sonrisa, era como esas fragancias caras o piedras preciosas que le ofrecen a uno a bajo precio. Se mira, le gusta y se desea, pero que no se es capaz de soltar un maldito euro por desconfiar del género. Tengo que reconocer sin embargo, que uno se empapaba de mujer con su presencia. Se empapaba, como cuando uno se empapa con el sudor. Poco a poco, su piel, su pelo, pero sobre todo su cuerpo, eran de los que llamaban al deseo por su nombre. Mientras más se miraba mas se tenia el convencimiento de que tener una infidelidad con ella no seria rentable. Sin embargo, no debían de opinar así, el último acompañante que estuvo con ella, con la simple intención, y la excusa  de acompañarla para asesorarla en los complementos de la nueva casa. Complacida, sabía de sobra que los hombres solo pensaban en el sexo, aunque lo practicaban pocos. Ella era la encargada de recordárselo, de vez en cuando. 

Habían pasado dos largos meses desde que llegaron, y las noches se hicieron más largas y más oscuras. Espacios cerrados por lo perfiles de las montañas, y por los pequeños bosques, que ensombrecían aún mas la poca luz de las estrellas. Las casas, muy separadas entre si por árboles frutales, huertos, y pequeñas matas de bosque, estaban como escondidas sobre la falda de la montaña.  Todo eso le daba un aspecto muy peculiar para cualquiera que no hubiera nacido allí.


Aquella noche más. 


Se había sentado  en el “corredor” con un amplio ventanal, muy corriente por aquella zona, y que son espacios acristalados con tarima flotante de madera, para aprovechar mejor la luz del día, y el calor del interior. Estaba solo como casi siempre. Con el tiempo se hizo ya una costumbre, y el motivo de sobra conocido: “Las reformas  particulares” de su mujer. Sin mas importancia para el, se dispuso a saborear un aguardiente quemado muy caliente, observar cómodamente alguna estrella antes de acostarse y recrearse en la sosegada calma que trasmitía la tranquila noche. 

Poco después, una luz que pasó por su cara le hizo cerrar los ojos. Los dirigió hacia donde había venido, y sucedió que unos instantes después  los tuvo que cerrar por segunda vez. Había transcurrido solo segundos. Luego nada. Más tarde comprendió que había sido un coche al pasar por las últimas curvas antes de llegar a la aldea. 

Cuando oyó el ruido inconfundible de su “Todo-terreno” comprendió que su mujer había llegado. Estaba entrando en el garaje, y esto le confirmó que las luces, habían sido las de su coche. No pudo impedir un gesto de reproche al pensar que ni en sitios tan bellos como en el que estaban, (Eran a la medida de un sueño), no se pudiera disfrutar de ellos. Sin esperarla, y tratando por todos los medios de rehuir un posible encuentro, u cualquier tipo de conversación, aprovechó el momento para retirarse a dormir, sin poder evitar que un interrogante le mantuviera despierto largo tiempo.

¿Siempre le molestaban las luces cuando coincidían en el mismo lugar, estando él en la galería?

¿Por qué se repetían los destellos en tan poco de tiempo sobre el mismo lugar?


Tardó tiempo en quedarse dormido antes de poder resolver estas dudas y otras más. Al día siguiente lo comprobaría.


Era muy temprano cuando se hallaba en el lugar de donde habían provenido las luces de la noche anterior. Era una doble curva en forma de ese, de izquierda a derecha las dos muy cerradas pero con la particularidad que al salir de la última, se estrechaba la carretera de tal forma y manera que apenas cabía un coche. Al lado derecho quedaba una pendiente con una caida casi vertical que llevaba al final de los 300 metros a un barranco muy profundo con aguas escasas de un riachuelo. Pero no fue hasta que salió de la segunda curva y ver casi de frente el bonito ventanal de su vivienda.

Lo comprendió todo.


El primer destello fue en la primera curva, y el segundo inmediatamente al salir de la segunda y entrar en el sitio estrecho. 


La idea se le metió en la cabeza, y ya no pudo salir. 

Los siguientes días los dedicó a repasar y medir los tiempos que transcurrían desde que la primera luz daba en el ventanal, donde él se colocaba, hasta la segunda. Eran como si fueran dos grandes y largos destellos, con una diferencia, de 14  segundos. Pasaron días, que se convirtieron en semanas y meses de medir, observar, y de preparar el pequeño artilugio, que por medio de un mando a distancia, hiciera saltar con el calor producido por un cortocircuito provocado, el espejo retrovisor. El día que lo comprobó, no pudo evitar una satisfacción enorme. El cristal saltó en mil pedazos, convirtiendo en una pequeña antorcha, el plástico donde se alojaba. 

Lo demás era cuestión de tiempo. Nunca tuvo prisas. Esperaría.

La ocasión llegó dos meses mas tarde. Se terminaba el invierno. Se tomó una tarde libre, y encargó el mejor aguardiente de la zona. Después de la cena cuando la noche cubrió la poca luz del día, se sentó. 

Era un placer desmedido. Sin sentimientos de culpa. El placer de un trabajo bien echo a punto de ponerlo en práctica. Y la luz llegó. Lo que iluminó fue un rostro sin preocupaciones, un rostro quizás lleno de curiosidad cuando cogió el mando a distancia. Se puso de pié, y 14  segundos mas tarde, cuando la segunda luz, le dio en la media sonrisa que reflejaba su rostro brillándole los ojos, apretó el mando, y vio con toda claridad, casi al instante, que las luces resbalaban pendiente abajo deslizándose por la montaña, hasta llegar al fondo mismo del barranco. Se sentó, y sólo entonces fue cuando se dedicó a terminar con el aguardiente que tanto le gustaba. 

Apuró la última copa, y ya con las sabanas retiradas a punto de acostarse, oyó ese maldito tono del teléfono que tanto odiaba.


Descolgó.


--¿Estas ahí cariño? 

La sorpresa lo paralizó. Y lo volvió a colgar.

No podía comprender nada. Fue entonces cuando el tono del móvil, le indicaba que tenía un mensaje. Lo abrió, era de su mujer diciéndole:

Cariño, ¿han llegado tus padres?


Querían verte y se han llevado el coche. Yo me quedo esta noche en la ciudad. 


Minutos mas tarde, en la casa se realizó un disparo que nadie oyó.


Dorthe.

lunes, 27 de junio de 2011

La rana y el escorpión.

Cuenta un relato popular africano que en las orillas del río Níger, vivía una rana y que cuando llegaba la época de las lluvias ayudaba a cruzar a todos los animales que se encontraban en problemas ante la crecida del río. También vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana:- Deseo atravesar el río, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, ranita, llévame a la otra orilla sobre tu espalda-
La rana, que había aprendido mucho durante su vida llena de desengaños, respondió enseguida:-¿Qué te lleve sobre mi espalda? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si te cargo, me inyectarás un veneno letal y moriré! ¡No, no, y no!-
El inteligente y seductor escorpión le dijo: -No seas tonta, ranita. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado-
La rana siguió negándose, pero la incuestionable lógica del escorpión junto con su palabrería fueron convenciéndola hasta que finalmente aceptó. Lo cargó sobre su espalda y comenzaron la travesía del río Níger.
Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión. Poco a poco fue perdiendo el miedo y cogiendo confianza a aquel animal que llevaba sobre ella. Llegaron a mitad del río. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino…Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión picó a rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión: - ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Pero… ¿Por qué lo has hecho?.El escorpión respondió: -Lo siento ranita. Es mi naturaleza, es mi esencia, no he podido evitarlo, no puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi condición-
Juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las profundas aguas del río Níger.

MORALEJA: La moraleja de la historia dice que no hay que engañarse a uno mismo ni nadie. Cada uno es como es, a pesar de las circunstancias. Nos sirve para entender el comportamiento de las personas, que a pesar de parecer y aparentar ser de una forma, actúan, aún en contra de sí mismas y de toda lógica, de otra forma completamente distinta. Cada uno que saque sus conclusiones, de este ejemplificador cuento. Yo particularmente añado, que la rana tampoco pudo evitarlo porque también es su naturaleza.

  ( Fábula de origen desconocido,  algunos lo citan  como un  cuento popular africano, mientras  otros atribuyen su autoría a  Esopo)

miércoles, 18 de mayo de 2011

Un mundo sin colores

Hace cosa de unos días, me levanté con una extraña sensación. Nada más abrir los ojos me di cuenta de que no podía distinguir los colores. Me los restregué con fuerza y salí de la penumbra de mi habitación… Nada, efectivamente, sólo podía ver en blanco y negro. Tuve un ataque de pánico, pero enseguida me tranquilicé a mí misma pensando que aquello sólo podía tratarse de algo momentáneo, igual sólo era  una pesadilla. Así que me duché, y desayuné esperando el milagro. Nunca me había resultado tan feo y oscuro el mobiliario de la cocina. Pasaron unos minutos y al ir a cepillarme los dientes fui consciente de la gravedad del asunto… ¡No podía diferenciar el color de  mi cepillo!
Me serené un poco, me vestí (por primera vez no tuve problemas para combinar la ropa) y salí a la calle. Tenía que buscar una solución a lo que me pasaba. Todo a mi alrededor resultaba monótono y aburrido. Las personas me parecían iguales, las mismas caras  grises, sin nada que llamara la atención en sus atuendos; las  casas, los coches, hasta el BMW de mi vecina del quinto había perdido su brillo y aparecía de un gris opaco. En plena campaña electoral las banderas eran negras y blancas. Y en los carteles sólo destacaban las  sonrisas forzadas de los candidatos, eso sí, de un blanco más intenso (volví a pensar en mis dientes y si habría utilizado el cepillo correcto).
Decidí ir al servicio de Urgencias del Hospital. Me volvió la angustia al ver todas aquellas batas blancas... El oculista que me atendió descartó un problema físico y me aconsejó sutilmente que si quería podía atenderme el psiquiatra de guardia. Accedí, ¡Qué remedio! Otra cara negra, con bata blanca. Después de hacerme varias preguntas concluyó, mirándome fijamente por encima de las gafas de lectura, que tenía un “Ataque agudo de pesimismo”  y que si dejaba de mezclar Diazepan y Coca-Cola remitiría.
No sé... han pasado varios días y sigo igual... no paro de darle vueltas a esto que me pasa... ¿Qué sucederá si esto no se me quita?¿Cómo distinguiré ahora los chistes verdes de los que no los son? ¿Y la prensa rosa? No podré diferenciarla de los periódicos serios. ¿Cómo me daré cuenta si alguien se pone colorado cuando le hablo?... ¿Y si mi jefe me dice que tengo que volver a comerme el marrón? Las páginas amarillas tampoco serán lo mismo, y lo peor de todo, no distinguiré a  los príncipes azules. ¡Dios! estoy perdida.
                                                                                                                                                       (Avena)

jueves, 28 de abril de 2011

LA VIDA ES BELLA, CASI SIEMPRE.

Me había levantado tranquila aunque el hecho de haber encontrado medio salón inundado por una fuga de agua en el acuario, reconozco me produjo un ligero disgustillo. Aún así me dispuse a afrontar el día con un optimismo inusual que se esfumó cuando al llegar a la oficina de Hacienda una empleada con muy malas pulgas y cara avinagrada me culpabiliza casi de la crisis económica del país por no haber declarado 300 euros de una subvención que mi asesor olvidó incluir en la declaración de hace dos años. Me mordí el labio inferior y salí con el peso de ser una defraudadora sobre mis hombros, brazos, piernas. No habían pasado 200 metros cuando después de haber esquivado varias mierdas de perro, metí sin querer el pie en un adoquín levantado de la maltrecha acera, rompiendo de cuajo el tacón. Cojeando y ante las miradas de la gente (¿Es que a nadie se le ha roto un tacón? ¿Qué miran?) Me dirigí a la zapatería más próxima que conocía. ¿Y qué me encuentro nada más entrar? una colección de zapatos Belén Esteban... ¡Dios que país!... mascullé. Elegí varios modelos, para salir del paso y después de pedirlos a la dependienta (No entiendo por qué las zapaterías no tienen todos los números expuestos y hay que pedirlos)… Ninguno de los zapatos me iba bien, así que ahí estaba yo probando y probando, cual hermanastra de cenicienta, siempre mirando de reojo, con miedo a que la dependiente me trajera unos zapatos de la marca antes mencionada. Al final compré unas playeras.
Llegué a casa, y me metí en la cocina... dándole vueltas en la sartén a unas empanadillas como le daba en mi cabeza a lo que me había dicho la empleada de hacienda, salpicó el aceite y me quemé la mano... Menos mal que el aloe vera me alivió rápidamente.
Decidida a emprender la tarde con otro talante me senté en el sofá y puse la tele. Unas declaraciones de Aznar hicieron revolverse las empanadillas en mi estómago, rápidamente cambié de cadena ¿A que no saben quién estaba? Sí, sí, la de los zapatos Belén y Lomana ¡Dios! Seguí haciendo zapping y me quedé dormida arrullada por dos monjas que hacían tocinitos de cielo (yo, que soy a atea)…
Me despertó el teléfono.
- ¿Me contestaría a unas preguntas sobre las próximas elecciones municipales?
- Claro, claro...- dije con resignación manifiesta.
Acto seguido me nombró políticos locales para que los puntuara:
-¿Se pueden dar puntos en negativo?
–No, señora.
-¿Pero les podré dar un cero, al menos ?...
-¿A todos señora?... espere que lo pregunto.
Esperé.
-Señora, que dice mi superior que si le da cero a todos, no nos vale la encuesta-
Al final tuve que dar un uno a todos, menos a un antiguo compañero de colegio le di dos puntos, aunque sólo fuera por los viejos tiempos…
Me levanto decidida a pasar bien el resto de la tarde, pero vuelve a sonar el teléfono. Esta vez es una amiga; me cuenta que su marido le ha tirado un plato de espaguetis contra la pared, aunque no presté atención a los motivos. No sé qué decirle. Si le digo lo que pienso y es que tenga cuidado que un día puede agredirla, me dirá que me estoy metiendo en su vida… Aguanto estoicamente. Al final no puedo reprimirme y le digo que porque no se separa, que ya son demasiadas veces y que si le pone una mano encima yo misma le denunciaré. Me contesta que no soy buena amiga, que en vez de animarla la he puesto triste y me cuelga el teléfono. En fin...
Me debato entre ir a la cama o entrar al chat, al final me puede más el enganche... Nada más entrar un Nick me llama: zorra, puta, lesbiana... Pobre, debe desconocer que lesbiana no es un insulto. Después entro en una sala de cultura en la que no paran de decir. “fóllame tía”, “cómeme el nabo” y cosas parecidas que soy incapaz de repetir, pero nadie dice nada, parece que es algo natural.
Me voy a la cama esta noche duermo sola, así que espero no se me ocurra la fantástica idea de que puede haber alguien debajo de mi cama. Siempre que duermo sola, no paro de pensar en ello, no quiero mirar pero tampoco puedo dormir, así que me pongo a pensar que la vida es bella, casi siempre, menos hoy.
(Avena)

viernes, 25 de marzo de 2011

La primavera detrás de una ventana

Estoy en el sur, y en una mañana  como la de hoy,  abres la ventana, y notas como casi siempre, el sol invadiendo tu casa para que algunos de sus rayos te acaricien  la cara y nos pongan unas arrugas de más, por la alegría de sentirla.

¡Ha llegado la primavera! Limpiando los fríos vientos del invierno y abrazándonos con su cielo azul, para poner calma en nuestros ojos, y poder ver así, la tierra preñada y dispuesta a parir vida, dejando a la gente maltrecha de ternura pero opulenta y rolliza, andando sobre alfombras de colores.

Pero a veces, en algunos atardeceres, la siento angustiada y viendo como suelta algunas lágrimas de lluvia, pero siempre con la ilusión de estar jugando con la niña vida, bien agarrándose a su piel, o bien viendo como nada en los arroyos.

Es como si la propia  vida tuviera inteligencia y se llenara de ilusión porque noto en todo lo que empieza con la primavera, un esplendor lleno de inocencia.

Este año la noto aquí, donde estoy, como una pintora de paisajes.

Borra los grises, y los muros los cubre de madreselvas, margaritas en los prados y rosas en el jardín.

Por eso. . .

Estoy  pintando  de azul, el espejo de mi baño.

( Dorthe )


sábado, 12 de febrero de 2011

Pequeño sueño



Sueño de 
Alejandra Pizzarnik.

Estallará la isla del recuerdo.
La vida será sólo un acto de candor.
Prisión
para los días sin retorno.
Mañana
los monstruos del buque destruirán la playa
sobre el viento del misterio.
Mañana
la carta desconocida encontrará las manos del alma.

Hoy mi pequeño sueño. . . . 

Me había perdido en un camino que no le encontraba el final. Me descalcé porque me pareció que así me lo pedían voces extrañas que no reconocí. Los arroyos que cruzaba, eran limpios, y muy transparentes. Parecían de cristal. 

No encontraba a nadie a pesar de mi obsesión por preguntar donde me hallaba. Solo los viejos sapos parteros, reconocibles hasta para un ciego por su fuerte olor a ajos, agrandaban y alegraban mis ojos al verlos subir por algún montón de piedras, haciendo un enorme esfuerzo de mantener a sus crías a salvo. Eran las larvas alrededor de sus patas traseras, lo que les impedían ocultarse con prontitud de las miradas extrañas.

Preso entre las ramas del sendero, iba y venía, tratando de salir a cualquier claro. Me fluía el aliento, y eso ya era indicio de saber que me mantenía vivo, mientras una niebla gris invadía con su presencia el camino. Solo me faltaba la relación entre las palabras y la naturaleza que me rodeaba para encontrar alguna explicación. 

Muy aturdido, tomé aliento. Fue en ese momento, cuando se amontonaron y me llegaron los recuerdos de vida. 

Eran tiempo de juego. Eran otros tiempos que me recordaron de que ya no soy joven. 

Hoy la juventud ya no me acaricia la piel, pero la siento dentro, muy dentro de mí, juguetona y ardiente; dispuesta a reír conmigo otra vez. Son noches en las que estoy ocupado con la luna, hambriento de equilibrios y con la alegría en mi cara robada de todas las esencias del camino. 

Son noches en donde la dulzura de la soledad vuela por mis sueños como en este que estoy contando.

Son pequeños sueños para despertar gritando por la vida.

Como hoy. . .

Como ahora. . .

(Dorthe)






viernes, 28 de enero de 2011



PEQUEÑA COSA AZUL


El sol de de la mañana entraba a raudales en la habitación. Tuve que hacer un esfuerzo casi heroico, para cerrar las cortinas y terminar de despejarme.


La noche anterior se había hecho eterna.

Cuando ya por fin pude entreabrir los ojos, me di cuenta que me encontraba en una habitación muy pequeña, sucia y descuidada. Las paredes tenían restos de chorretones que no podía precisar de que eran. Para llegar, había que atravesar un largo pasillo, mal ventilado y oliendo muy mal, como si fuese restos de orina. Los dueños siempre decían que quizás fuera por las recientes lluvias, debido a la humedad. Lo cierto es que en ese lugar, iba para siete meses en que no había caído una gota de agua. 

Estaba todo muy mal conservado, con puertas rotas y dañadas por los golpes. La pintura en la madera ni se notaba, y los desconchones, eran la decoración de las paredes. En aquella ocasión comprendí que la soledad me condujo a ese sitio donde no existía el color. Todo era negro, pero no el aterciopelado de las noches sin luna. . . no. No era ese color precisamente. 

Seguí tumbado en la cama y encendí un cigarrillo con la clásica indolencia del abandono, sin pretender ser nada ni nadie, y es entonces cuando me di cuenta que la muchacha seguía allí. Me quedé como un verdadero idiota mirándola. Después de meditar un poco, recordé que la noche anterior habían cerrado el pequeño bar y yo me encontraba con el regalo de su compañía. Siempre era gratificante oír ruidos mientras se estaba compartiendo esa copa de última hora, intentando hallar a ese tipo de mujer en cuyo rostro, bajo cualquier luz, se viese un reflejo de interés por ti. 

Recuerdo el golpe al cerrar la puerta, después de entrar juntos en la habitación. Se acercó a mí, y deslizó su mano entre las ropas hasta encontrar lo que buscaba. Yo cerré los ojos y me dejé hacer, pensando que si hiciera el amor con ella, verdaderamente podría ocurrir que se partiera en dos, como una pequeña rama. ¡Que lejos quedaban aquellas rubias como la mies. . . con perfúmenes  de bosque, y con cabellos lisos. ¡Cuantas horas de fiebre quedaban atrás, llenas de ansiedades, temores, y conocimientos de una adolescencia alegre, y una juventud que me devoró con las prisas y me llenó de cansancios, pero que me enseñó que para crecer en la vida, había que gestar calvicies y mirar horizontes. Mas tarde vino lo peor;  la admiración de aquellos gestos felices y sonrisas de cierto tipo de mujeres, al pagar facturas. 

Hoy ya no queda nada. 

Ahora, frente a la cama completamente desnuda la seguía mirando, mientras ella iba recogiendo sus cuatro trapos. Sin saber como, ni porque motivo, se encontraba también allí. . .en la habitación; y de pronto lo comprendí todo, al recordar la canción de Small Blue Thing, de Suzzane Vega que entre otras cosas decía: 

“Hoy soy 
una pequeña cosa azul
hecha de porcelana
hecha de cristal” 

porque al mirarla, lo que estaba viendo era el hambre. Un hambre que no se podía comer. Era el hambre del afecto, el hambre de la atención, y el hambre del calor de un cuerpo. 

Era el hambre del necesitado.



( Dorthe )





sábado, 8 de enero de 2011

LA CHAQUETA DE PANA.


Recuerdo que en mis años de adolescente, concebí un lugar oculto en mi corazón para mis pensamientos más íntimos. Con el tiempo, logré cobijar en aquel rincón todo tipo de silencios para que si alguna vez salieran, no pudieran comunicar a nadie la parte de la vida más cercana a mí. Con los años iba cada vez menos, porque en el fondo, lo que yo más temía, era que pudiera salir de allí alguna intimidad hecha palabra.



Hoy ya, sin miedos de creencias, y fuera de los tabúes tradicionales que había por aquel entonces, y muy alejado también de los comentarios jocosos que esta confidencia puede suscitar, le abro la puerta para dar un poco de frescura a lo poco que queda ya, y liberarme si puedo, de este mal recuerdo.



“Un día de invierno, me había entretenido yo más de lo acostumbrado, en casa de uno de mis abuelos llamada casa “Da Torre”. Ese día, tenía que regresar yo por imperativo paternal, a dormir a la otra casa, La casa “Do Teixeiro”. Se fue la tarde y la noche llegó tan espesa borrando caminos, que empezó a derramarse por toda la casa, dejando solo ver aquellos puntitos de luz que cada candil, acompañaba a cada persona para desplazarse por las estancias.

Las dos casas de mis abuelos, estaban separadas entre sí por un par de kilómetros en la montaña. A mitad de camino la iglesia con un pequeño cementerio gallego. Alrededor un “Adro”, cerrado con un muro. Dentro las sepulturas. Para acceder, dos pequeñas puertas de dominio público, que daban entrada y salida a los que pasaban por allí. No hacerlo suponía una vuelta de más de dos kilómetros por caminos llenos de barro.

Llovía con mucho viento. La antorcha de paja y “taxos” que me prepararon se consumió antes de llegar a medio camino. El miedo, y el temor que sentía hacia que me temblara la razón por la decisión que había tomado. Sudaba tanto que a pesar de la lluvia que caía, estaba más mojado por dentro. Los pies, a veces, era casi incapaz de sacarlos ya del barro. Al borde mismo del pánico, cuando las lágrimas ya empezaban a salir, divisé una pequeña luz en la casa “Do Barreiro” situada a poco menos de 200 m. Llegar allí se convirtió en la punta de mi deseo, y ese mismo afán me hizo lo suficientemente fuerte para convertirme en voluntad. Antes de llegar fue cuando lo vi.

Se llamaba Amadeo y era el hijo de Filomena la dueña “Do Barreiro”



Palabras de ánimo. Sus manos ayudándome a caminar. Pero sobre todo su gesto de quitarse la chaqueta de pana que llevaba, para resguardarme del frío y de la lluvia, hicieron que llegara hasta el “Adro” sin darme cuenta tan siquiera de que estaba alli Y de este modo hasta la otra casa del abuelo.

Como me vieron en tan mal estado, empapado de agua y atemorizado, les conté lo sucedido. Me ordenaron que al día siguiente fuera y les diera las gracias a Filomena. Así lo hice.

Llamé, y una Filomena amable, me abrió la puerta.

Venía a darle las gracias a su hijo Amadeo, por acompañarme ayer.

-¿Amadeo?

-Sí, señora. Me acompañó ayer hasta la casa de los abuelos.

-No puede ser, “ meu neno”, Llevo dos años sin verlo, precisamente desde que marchó a Barcelona. . .

La chaqueta de pana, que la tenia agarrada con la mano, no la solté de milagro, pero no dije nada. Di media vuelta, y temblando la enterré. Desde entonces he ido varias veces a la aldea. Jamás comente este caso y jamás me acerqué al sitio donde la había enterrado.

Todo lo vivido aquella noche lo recuerdo así.


( Dorthe )



sábado, 18 de diciembre de 2010

Un ejemplo de soberbia


Eran las siete de la tarde cuando llegué a la terminal cuatro de Barajas dispuesta a coger mi vuelo de regreso a casa después de una estresante semana de trabajo en Madrid.

Apenas entré noté algo diferente a otras veces, mucha más gente que de costumbre, que yo achaqué a ser viernes víspera de puente; caras de preocupación, largas colas y apenas un lugar para poder caminar arrastrando mi trole sin llevarme un pie o un brazo de aquellos que ya habían optado por tumbarse en el suelo.

Al acercarme a chequear escuché una conversación de un señor que hablaba por su móvil: Sí, los controladores se han levantado de sus puestos de trabajo, y no sale ni entra ningún vuelo.

Efectivamente habían parado el país, así como se oye, en un alarde de soberbia habían  matado las ilusiones de miles de personas que aprovechaban días de vacaciones para viajar por  placer, o para visitar sus familiares.

Un matrimonio maduro comentaba, ella con lágrimas en los ojos, que iban a la boda de su hija que se casaba la mañana del sábado en Las Palmas. Una familia argentina había dejado sus vacaciones de verano, para ir en esa fecha y tener más tiempo para ahorrar el coste del pasaje. Otros perderían enlaces en otras ciudades europeas. Y así un largo etcétera de situaciones que podíamos relatar a cual más desesperada y que constituía para cada uno una desilusión ante la que nada podía hacer, sino esperar acontecimientos ante este viaje programado, ahorrado y pensado con tanta antelación y que finalizó sin haber comenzado.

El deseo de los controladores ante sus mejoras laborales había sido considerado como más importante que los intereses de los demás, sin ningún escrúpulo a los daños causados a otros. Esta sobre valoración de su propio “yo” respecto de otros por superar,  un obstáculo, o bien en alcanzar las prebendas de su ya magnifico estatus.

Esta soberbia impertérrita al ver lo que hicieron, y como respondieron al comprobar el caos que estaban causando y su desprecio indiscriminado, superior a cualquier otra cosa, con un razonamiento sobre los propios intereses exaltada a un nivel crítico desmesurado por su prepotencia.

Y así pasaron las horas sin que nada cambiara la situación, el cansancio, la impotencia y la desolación fue respondida con civismo y madurez por todos.

Mientras un Orfeón Donostiarra nos deleitaba con sus cantos, habiendo cambiado a la fuerza de aforo ya que no pudieron llegar a su destino.

( Aldonza )

LA GULA



La libertad cuesta cara, no es gratuita, y cuando se es joven, poco se tiene para dar a cambio. Cuando oigo a los jóvenes hablar de su imposibilidad para independizarse, de la crisis, no puedo dejar de pensar en que si sus ansias de libertad fueran como fueron las mías, no se escudarían tras la pereza y la comodidad.

Mis padres, no es que fueran tacaños , tenían mentalidad de posguerra y para ellos un joven estudiante solo tenía que tener para comer por que se suponía que el resto del tiempo estaría ocupado en estudiar , a esto,  se sumaba  el eterno “ con los sacrificios que estamos haciendo para darte una educación”, con lo cual, un día decidí que a partir de ese momento me buscaría la vida como fuera , dejé de pedirles dinero y solo recibía el giro que me permitía pagar los inmundos habitáculos que solo eran capaces de ocupar los estudiantes venidos a menos como yo.

Y así fue, como sin pasar una guerra conocí lo que era el hambre, hambre feliz , eso sí, por que era compartida y la vivía en libertad, pero hambre al fin y al cabo; empecé a saborear “las cosas sencillas”: esas Teleras de Córdoba (panes grandes de masa blanca) con mahonesa Musa, esas tortillas de pan rallado, ese arroz blanco con caldo Magi y en los días que llegaba el giro, un poquito de proteína con el sabroso pollo al limón( pollo entero con un limón por el culo y metido tal cual en la olla Express).Esta dieta, tan deficiente cualitativa y cuantitativamente, tenia sus cosas buenas: por un lado no había peligro de obesidad y por otro, exacerbaba la imaginación, de manera que por la noche cuando me acostaba y miraba los póster que decoraban mi cutre habitación yo no veía aves del paraíso, jabalís por la dehesa, gacelas en la sabana, solamente veía sabrosos platos de asados , guisos humeantes y jugosas viandas que lo único que ayudaban era a aumentar el ruido de mis tripas.

Por aquel entonces vivía con una alemana tan amante de la libertad como yo y por tanto, con la misma exigua dieta, juntas, compartíamos tanto estudios como ayuno en fraternal compañerismo .Un día, llego el aviso de un paquete de Alemania que fuimos a recoger con gran expectación y al llegar a la casa y como si de una bomba se tratara, lo pusimos en la mesa y lo fuimos abriendo ceremonialmente. En mi vida había visto tanto embutido junto: salami, salchichas, jamón, foigras y también variedades de queso y confituras; mirábamos aquello, lo olíamos y los ahumados penetraban en nuestra pituitaria comprobando que el dicho de “se me hace la boca agua” no era  simplemente una expresión literaria.  Este hecho, había coincidido  con la llegada del moro de un amigo y su cargamento de oro del Rift, con lo cual, nuestra casa era una feria llena de hambrientos alucinados  que miraban aquellos tesoros esperando el pistoletazo de salida. Así que entre el efecto antianoréxico y el hambre atrasada, nos abalanzamos sobre las viandas cual tribu de vándalos, engullíamos  con desesperación, en una mano salchichas, en la otra queso, nos faltaban manos y boca, solamente se oían gruñidos de placer. Y como por arte de magia, desapareció el contenido del exótico paquete.
Esas caras indescriptibles, esos cuerpos maltratados tirados en los sofás y esos embutidos buscando sitio en nuestros estómagos por largo tiempo acostumbrados a la frugalidad. Uno a uno, fuimos saliendo al patio y deshaciéndonos de  la preciada carga que con tanto afán  y desesperación nos habíamos ventilado en media hora.
Ya ha pasado mucho tiempo, media vida, pero cada vez que huelo un ahumado, se mezclan en mi mente sensaciones de hilaridad, asco y también de libertad.

( Godines )

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La Envidia es Mala Compañera

Me había propuesto participar en el concurso de relatos, aunque sabiendo que no soy buena escribiendo, ¿por que no era un concurso de videos? En eso si me hubiera destacado, pero no importaba, YO quería hacerlo.

Me acomode en la silla del PC abrí el Procesador de texto (es decir: Word) y me dispuse a empezar a escribir, cuando de imprevisto y sin previo aviso (casi alquímico), aparece un mensaje del antivirus, esos mensajes nefastos, que aunque muy significativos, arruinan una tarde: “ESET NOD 32 su clave ha expirado”. -Suspiré agónicamente- fruncí el seño y me dispuse a buscar las claves en la Internet; probé, pues, miles y ninguna marchaba, pero pensé: “Nadie mejor que yo buscando en el Ares, ¿no?” Así que con determinación y arrogancia sobrehumana naufragué,  hasta que di con una que sirvió.

Pinché, y arrastré la pestaña del Word, donde apenas había logrado seleccionar la letra y el tamaño, y todas esas cosas que desconocemos sobre Office. Acomode  mi silla, volví a tratar de reactivar mis neuronas “a ver que salía”. Ante la frustración abrí varias páginas… buscando, leyendo, tratando de succionar conocimientos ajenos, deseándolos, algo casi orgásmico. Mi mente era igual a la de “ellos”, Esos artistas que publican libros… libros que he comprado, que he leído; que he descartado en una sección de la biblioteca a la que jamás voy. “Ellos” no eran mejores que yo… ¿o sí? Sentí un ardor en el estomago anhelaba tener por lo menos un poco de ese talento (o por lo mínimo saber que es Copyright) y por dentro decía: “¡Ya verán De lo que soy capaz!” , se creen demasiado con sus libros Best Sellers y sus premios ¡literarios! O literatos [¿…?] Deseaba aunque sea un ápice de ese talento, lo Necesitaba…  En ese momento, la computadora lanzo otro funesto mensaje “ESET NOD 32 Ha detectado que su clave ha expirado”. Sentí que el ardor en el estomago subía por mi garganta, “¿Acaso Office tiene como efecto secundario causar gastritis?”  Quería ganar a toda costa, y para lograrlo debía empezar a escribir, y tomar un antiácido. Pero, necesitaba concentrarme, me dije:- podría plagiar, es poco probable que lo descubran, podría hacerlo, nadie lo notaria, ¿o sí?

Volví a buscar claves mientras ese fuego en el pecho subía, sentía como mi garganta se cerraba en un inmenso alarido que intentaba controlar, “¡es la última vez que lo hago, de eso no hay duda!” me repetía una y otra vez, aparte… “¿qué tienen ellos que yo no tenga? Tengo dos manos que saben teclear, ¿no? ¡Claro eso es! ¡No tengo el maldito talento!” El ardor paso desde mi garganta hasta mi rostro, que comencé a sentir acalorado, enrojecido, necesitaba una idea, pero antes la clave del antivirus. Busque horas hasta dar con la correcta, respire hondo conteniendo ese sentimiento, justamente un sentimiento que debía tratar en el relato, que se suponía que debía plasmar con letra sanguínea con intervalos de suspenso, puntos y comas y… ¡Claro! ¡Talento! ¿Pero dónde estaba? Carecía de él y lo deseaba tanto y con tanta fuerza… Leía a los escritores, sus nombres, sus obras y estoy segura que de haber tenido oportunidad hubiera diseccionado el cerebro de Cortazar, el de Borges o el de Sábato solo para tener lo que ellos tenían; lo que ellos me restregaban en la cara, lo que me habían negado al nacer, ¡Talento! ¿Pero donde lo conseguía? ¿De dónde lo tomaba? ¡Maldito talento que no crece en los árboles, ni se aprende! ¡Maldito talento del que jamás he conseguido nada! bueno...


Pasaban las horas implacables, podía sentir cada manecilla del reloj cada tic cada tac, sólo me ponían en evidencia,  sólo me recordaban que carecía de algo… y que lo  deseaba... Había logrado el titulo y apenas una oración. Eso no era un relato y ¿Como conseguir 50 líneas? (¿Elegiré tamaño de fuente 16?) ¿Si demore 7 horas en un titulo y una oración?.
Me repetía los 7 pecados capitales una y otra vez: soberbia, avaricia, lujuria, pereza,  gula, ¡Demonios! ¿cual seguía? ¿Envidia?  ¡Si! ese pecado, envidia… SI… ya conocía ese pecado… Ya me había familiarizado con él mientras escribía mis oraciones; oraciones que comenzaron a fluir con rapidez, como si Caliope me estuviera susurrando al oído, ¡Mis letras tenían sentido, coherencia, hasta belleza! vi de reojo el mensaje que decía: ESET NOD 32 se ha deshabilitado por introducir varias claves caducas… ¡Pero eso no importaba! ¡Eso no era necesario!, ¡Las musas  me habían iluminado y no debía dejarlas esperando! No debía perder la posibilidad de ese egoísmo poético. Abría más páginas, buscando nombres de dioses, de ninfas; ¡Hasta el PC parecía encantado con mi relato ya que abría las páginas con suma rapidez! Y, evitando los mensajes uno a uno, “aceptar, aceptar, aceptar”  no importaban, apenas los leía. Terminaría mi relato y después pondría la clave correcta.

Ya había terminado… Sólo quedaba guardar el archivo sólo quedaba eso; ya buscaría la bendita clave… debía aprovechar y guard…   VIRUS DETECTADO WINDOWS SE CERRARA EN 0 MINUTOS.

( WhiteDove )

Aitana

El reloj de la plaza mayor tocaba la quinta campanada de aquella tarde otoñal.

Como cada viernes una mujer salía de ese portal. Hoy iba vestida con un traje ceñido, con todos sus rasgos femeninos marcados en esa falda ajustada. Descubriendo al mundo sus encantos íntimos. Ella deseaba que los hombres ansiaran ese cuerpo perfectamente esculpido.

Era una mujer hermosa: ojos grandes, labios carnosos, busto exuberante, caderas moldeadas para captar la atención de cualquier hombre. Lo sabía y se aprovechaba de ello. Su cuerpo de escándalo se contoneaba con movimientos lujuriosos a medida que iba caminando, dirigiendo sus pasos desde aquel lugar hasta su casa.

-Me llamo Aitana y siempre estoy disponible después de las tres de la tarde.

Con esta frase su vida se transformaba, convirtiéndose en una fuente de placer a cambio de dinero.

Muchas mujeres la envidiaban por la clase de vida que llevaba: vehículos de lujo, ropa de marca, perfumes caros, joyas, viajes al extranjero… tenia cualquier capricho que toda mujer podía desear.


Los hombres la odiaban, acusándola de puta a sus espaldas cuando realmente se morían de ganas por echarle un polvo.
Ella sabía muy bien que era atractiva y deseada por la mayor parte de esos hombres que la miraban con ojos viciosos. Sabía que con sólo una llamada, cualquiera de ellos estaría tocando a su puerta con un cheque dentro de la cartera.

Más de tres años ejerciendo esa disciplina de la vida la habían insensibilizado de toda aquella gentuza.

Cuando entró a su casa, se despojó de sus ropas y adornos.

Debajo de la ducha recordó la escena que acababa de vivir con el último cliente.

Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos resbalando por las mejillas.

Salió del baño, e introduciendo dos dedos en la boca, vomitó como si de un ritual de limpieza se tratara.

Acto seguido se puso el chándal y fue a la cocina para coger una caja de galletas y una tableta de chocolate amargo. Se sentó en un sillón frente a la ventana y dejó que su mirada se perdiera en el horizonte.

A la espera del encuentro con aquel amante que la abandonó.

( Aitana )



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Pecados capitales: Lujuria; Gula; Avaricia; Pereza; Ira; Envidia y Soberbia


Una nube en salsa verde

La vi salir del portal y me paré. Alta, erguida, traje chaqueta ajustado, blusa camisera desabrochada al cuarto botón, melena larga y rizada, ojos vivos y profundos, tacón de aguja, cuerpo cumbre. Venía hacia mí, tenía que pasar por mi lado. No me moví. Mi banco me acababa de proponer invertir en emergentes pero, mirándola como se acercaba, mis réditos se esfumaron y la media hora de discurso del director para seguir acumulando pasó al olvido. De pronto se fijó en mí. Sin bajar las miradas el morbo bailaba un bolero de insolencia. Seguí al pairo viendo que ella traía rumbo de colisión. Sin desvío posible se detuvo a dos palmos de mi nariz. Una fragancia Rochas me envolvió. Hola.

Terminamos las gambas y el arroz con bogavante. La sobremesa discurrió entre el placer del marisco y los blancos de Rueda.  Sabias que te iba a invitar. Si, era fácil intuirlo. Tu aspecto es de caballero y tus modales lo confirman. Y disfrutas en la mesa. Te vi avanzar hacia mi segura, poderosa y elegante.  Me gusta gustar. 
   
 ( Dave )




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MANUEL


Se llama Manuel y es conocido en todos los grandes restaurantes de París, a donde viaja varias veces al año.

Se trata de un hombre algo alto, bastante grueso, y de cabellos morenos; puede tener unos cincuenta años; no viste ni bien ni mal y sonríe mucho. Tiene, además, fama de ser muy simpático. Cuando no come habla con fruición, sin escuchar a los demás.
                                                                                                                                            ¿Quién es este hombre? ¿Cuál es su modo de vida? ¿Tiene alguna profesión? Sí, algo así tiene; porque es casi una profesión vivir de lo que se come.

Es un gastrónomo. Sí, un crítico gastronómico que aunque se llama Manuel firma sus críticas como "Séneca". Me imagino a muchos que trabajan en lo que no les gusta, envidiar a hombres como él manifestando su admiración en simplones comentarios de personas que desconocen de lo que hablan. El gastrónomo para todos estos impresionables es alguien cultivado y privilegiado.

Manuel es, realmente, un personaje; pero no sabe que lo es. Un personaje salido de la pluma de Moliere. Y si no es consciente de ser un personaje es porque no tiene inteligencia para ello. Su charla no tiene profundidad sino que es más bien banal. No tiene ni agudeza ni ilustración y, aunque se dice lector, no se le notan las lecturas. Es un títere  más en el espectáculo de la vida; sin ver más allá de donde alcanza sus ojos. No tiene nada de filósofo.

Nunca se casó; y sólo porque jamás conoció una mujer que cocinara lo suficientemente bien para él. Quien tiene por toda meta llenarse la panza no puede evitar valorar algo así.

Muchos pensarán: "Es un gastrónomo, una persona refinada". Error, grave error: entender de comida no requiere erudición. Ni comer requiere estudio ni un restaurante es una biblioteca o museo.

Gastrónomos profesionales hay pocos pero aficionados a la gastronomía hay millones. Todos aquellos que buscan distinción ante un plato en vez de entre los libros. Los tenéis entre los licenciados superiores: ingenieros, abogados, médicos, altos funcionarios; personas más o menos pudientes; esnobs pretendidamente refinados: Todos ellos son granos de arena en el vasto desierto de la ignorancia que constituye el territorio de los que habitan en la mundanería. No hay más que más que hablar con ellos. Desconocen todo más allá de su profesión y más allá de todo conocimiento práctico. Como Manuel tienen una charla sin hondura y prefieren una conversación sobre fútbol a una sobre literatura. Realmente son incapaces de mantener una charla medianamente culta y muchos de ellos se jactan de un conocimiento gastronómico en verdad deficiente; al contrario que Manuel.

Manuel no es culto pero entiende de gastronomía. Es un guloso que nunca será profundo porque para comer mucho sólo se necesita mucha hambre; ni inteligencia, ni curiosidad científica. La gastronomía es cultura, pero no alta cultura sino una forma menor de la cultura.

Manuel se complace cuando observa el prestigio que tiene entre algunos. Se sonríe mientras cruza los dedos de sus regordetas manos sobre su enorme barriga. A vanidoso, como a glotón, no le gana nadie.


( Pylaf )



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viernes, 17 de diciembre de 2010

Envidiosa

Se conocían desde niñas, siempre  casi siempre  de manera inconsciente tenía ese  extraño   sentimiento hacía ella, que no sabía explicar. Si por ejemplo, a su amiga María  le compraban  un vestido, ella quería uno igual.  Siempre quería los mismos juguetes, los pendientes, las libretas, los zapatos. Tan iguales se veían   que  parecían gemelas.. Su madre  preocupada   lo consultó con un médico pero éste le descartó cualquier patología,  y la tranquilizó diciéndole  que se trataba de simples actitudes infantiles que se pasarían al crecer.

Pero a medida que iban siendo adolescentes su  reforzaba  su comportamiento, se comparaba en todo a la otra, diciendo que era más alta, más guapa, más elegante. Aunque muchas veces lloraba de rabia en su habitación porque sólo había algo en que no la superaba, los estudios y el cariño que le tenía la gente  a María. A pesar  de que ella se  esforzaba más que nadie para que la quisieran  no lo conseguía.

 A diferencia  de su amiga ella era hija única, un día decidió  que  quería robarle algo que no tenía, su hermano. Lo conquistó, lo enamoró y se casó con él , a pesar  de que no lo quería, para así   formar parte  esa familia. Siempre  se desvivía por agradar  a  los suegros con una  simpatía extremadamente forzada.
María  nunca fue consciente  de aquel odio que Elisa  le tenía, a diferencia de ella, aquella  amiga, era su cuñada del alma, más  aún la consideraba hermana. A pesar  de las continuas humillaciones  que le hacía siempre la quiso y la  aceptó como era.

Un día María  tuvo un desgraciado  un accidente de tráfico  y entró en coma cerebral.

 Nuestra protagonista creyó morir, no soportaba la preocupación de los demás por la otra  y empezó a inventar cefaleas, vértigos  extrañas  arritmias para llamar la atención de su marido y del resto de la familia. Mientras,  iba todos los días  al hospital, no se  separaba un minuto de su lado por si había algún cambio  vivía en un   estado continuo  de ansiedad.

Cuando  el médico que guardia habló con ella para comunicarle  su muerte,  no supo como vivir. Surgió un sentimiento contradictorio entre felicidad y dolor ..Los médicos le diagnosticaron ansiedad  post traumática  que  la llevó  al suicidio.

 Pero la verdadera razón es  que ya no tenía  a quién envidiar.

( Elisa )

¿Sólo siete?

“Lujuria, era hermosa, muy hermosa, sus ojos claros contemplaban el mundo con una mezcla de lascivia y ternura que embriagaba a todo aquel que la miraba. Durante sus  primeros años, cuando descubrió el sabor y el aroma de su sexo, sólo deseaba saciarlo y acumulaba orgasmos y placeres avarienta de  noches imperecederas de madrugadas eternas.

Pero el tiempo que bullía inexorablemente a su alrededor la fue contaminando poco a poco. La ternura desapareció sigilosamente y dejó su hueco a la envidia por aquellas que tenían lo que ella no podía conseguir. Al ver los estragos que el reloj de la vida había ido tejiendo en su cuerpo su vanidad herida dejó que floreciera una incontrolada ira…

Don Ramón, el párroco de la iglesia, acuciado por su gula, tenía ganas de terminar el sermón de todos los años, su irremediable pereza, alimentada por años de desidia, le impedía reescribir sus sermones que, por su monotonía y atonalidad, adormecían a los catecúmenos.

“…y Lujuria reconcomida por todos los pecados capitales, se escondió en su enorme habitación sin espejos se dejó morir lentamente horrorizada por la fealdad de su cuerpo, y ahora, su alma maldita arde para siempre a las puertas del Averno…”

En el último banco, ocultos por la semioscuridad del la pequeña iglesia, centelleaban los ojos del la niña de las trenzas doradas, mientras dejaba que un pecoso  de pantalones cortos recorriera con torpeza su entrepierna. 


( Echidna )




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